Una versión técnica y delicada del clásico argentino, caracterizada por una fragilidad extrema y una presencia muy marcada del relleno.
Las tapas (6 cm de diámetro): Elaboradas exclusivamente con almidón de maíz (sin harina de trigo), presentan un color pálido dorado y una textura hiper-friable. Al no contener gluten, son extremadamente suaves y quebradizas; prácticamente se deshacen al contacto con la boca, dejando una sensación sedosa y suavemente avainillada y alimonada.
El relleno (40 g de dulce de leche): Una proporción muy generosa para un diámetro de 6 cm, generando un núcleo alto y prominente que casi equipara el grosor de las dos tapas juntas. Se utiliza un dulce de leche repostero bien denso y oscuro, que aporta la humedad necesaria para amalgamar la sequedad característica del almidón puro.
El rebozado: Un borde de coco rallado fino adherido al dulce de leche visible. Aporta un contraste crocante, un aroma tropical fresco y matices grasos naturales que ayudan a cortar la densidad del relleno.
El resultado es un alfajor de contraste puro: el primer toque de la masa es volátil y suave, dando paso inmediato a la cremosidad intensa y caramelizada del dulce de leche, cerrada por el perfume y la textura del coco y el limón.





